Los mejores jugadores de polo del mundo proceden de Argentina. POLO+10 echa un vistazo a los libros de historia y presenta a las famosas dinastías del polo en Argentina.

por Chris Ashton

Nombrar a todos los “gladiadores” del coliseo del polo argentino, es decir, cada una de las personas que ha hecho historia en su época, sería una ardua tarea. ¿A quién deberíamos incluir y a quién deberíamos dejar a un lado? ¿Cuáles serían las dinastías de polo en Argentina, definidas como “una sucesión de gobernantes de la misma línea o familia”? Cuando le pedí consejo al historiador de polo más reconocido del mundo, Don Horacio Laffaye, me proporcionó una lista de más de veinte familias. El espacio con el que contaba era limitado, y escribir sobre tantas familias en tan poco espacio no sería justo para algunas de esas familias en absoluto. Mi solución fue centrarme solo en un puñado de esas familias, desde el momento en que fueron proclamadas legendarias en el mundo del polo argentino.

Para ello tenemos que retroceder 140 años en el tiempo, cuando Argentina comenzó con este deporte, por cortesía de los colonos Anglo-argentinos. Desde finales del s. XIX hasta la década de 1920, los argentinos de descendencia británica (en 1914 ascendían a 28.000 habitantes de un total de 7.8 millones) gozaban de un gran respeto socialmente, comercialmente y en cuanto a introducir nuevos deportes no conocidos hasta el momento.

No se ha registrado ninguna fecha ni lugar sobre el primer partido de polo en Argentina, pero en 1875 el periódico inglés “The Standard” informó sobre dos eventos de polo en la provincia de Buenos Aires: el primero tuvo lugar en enero y se componía de tres partidos en la Estancia La Buena Suerte, y el segundo en Agosto, una fiesta, que incluía seis partidos de polo, organizada por un Barón ganadero escocés, David Shennan, en Estancia Negrete.

En esa misma época otro Barón ganadero de descendencia escocesa fue Hugh Scott Robson, probablemente el primer patrón de polo en Argentina, que contaba con el apoyo de sus tres hermanos, también de grandes jugadores y de su único hijo, Hugh Noel. Nacido en 1891, tras recibir su educación en Inglaterra, Hugh Noel Robson se alistó en la Royal Scots Greys, lo que le llevó a una carrera de polo y a participar en torneos nacionales e internacionales con un +8 de hándicap en su máximo esplendor.

Laffaye marca una clara distinción entre los colonos argentinos de descendencia inglesa o escocesa y sus opuestos irlandeses, decenas de miles de personas que dejaron Irlanda en la década de 1840 para escapar de la infame hambruna y buscar una vida mejor en los países del Nuevo Mundo durante la década de 1840. Sin los fideicomisos familiares, que muchos de los colonos ingleses y escoceses poseían, pero con grandes destrezas agrícolas, los inmigrantes irlandeses que llegaban a Argentina establecieron relaciones de trabajo con rancheros latinos y se encargaron de gestionar su ganadería hasta acumular suficiente capital para adquirir sus propias tierras.

En “Evolución del Polo” (2009) Dr Laffaye escribe que “la gran mayoría de los inmigrantes irlandeses eran católicos que se adaptaron por medio del matrimonio a la sociedad argentina de una forma más fácil… si los escoceses presumían de buenos jugadores de polo, los irlandeses lo hacían aún más”, y nombra a algunas familias del polo argentino de descendencia irlandesa como Cavanagh, Duggan, Garrahan, Kearney, Kenny, Lawler, Mac Donough, Nelson y O’Farrell, algunos de los cuales se convirtieron en terratenientes y jugadores de polo hacia finales del siglo [s.XX], y lo siguen siendo actualmente.

Laffaye resalta a una familia en concreto, los Lalors (la abreviatura latina de Lawler), como la dinastía de polo más eminente en Argentina. Y no solo por jugadores (menciona a 16 Lalors en su “Enciclopedia de Polo” (2004) de los cuales cinco han jugado con hándicaps de entre +7 a +10 goles, sino también por lo que aportaron a la administración del polo, contribuyendo con tres presidentes de la Asociación Argentina de Polo, Alfredo (1969–1972) y su hermano Luis Alberto (1975–1981) y de la siguiente generación, Luis Eduardo Lalor (2009–2013).

Más de 500 kilómetros al suroeste de Buenos Aires, en la extensa Pampa argentina, el pequeño pueblo comercial de Coronel Suárez contaba con un club de polo que llevaba su nombre y que presumía de albergar a algunas de las dinastías de polo más ilustres de Argentina. En la cúspide de la administración del club estaba Juan Carlos Harriott Jr. (Juancarlitos) que contaba con el apoyo de su hermano menor Alfredo, ambos con +10 goles de hándicap en sus mejores momentos. A comienzos del siglo XX su abuelo, un doctor ajeno al polo, se había establecido allí, y su hijo, llamado también Juan Carlos (Snr.), quien jugó con +9 goles en su máximo esplendor, ganó el Abierto Argentino nueve veces, mientras que él y su hermano Eduardo criaron a excelentes ejemplares para apoyar a Juancarlitos y Alfredo.

Family Tree Harriotts

El árbol genealógico de los Harriotts. (© POLO+10)

La otra familia local elevada a folklore del polo argentino descendía de un inmigrante vasco-francés, Bautista Heguy, quien tuvo diez hijos, algunos de cuyos descendientes serían las fortunas más importantes del Coronel Suárez Polo Club. Uno de sus hijos, Antonio Heguy (1907-88) tuvo a su vez dos hijos, Horacio Antonio y Alberto Pedro. Los dos hermanos Heguy tuvieron cada uno cuatro hijos, Horacio Segundo, Gonzalo, Marcos y Bautista de la parte de Horacio Antonio, mientras que Alberto Pedro fue padre de Eduardo, Alberto, Tomas e Ignacio, de los cuales casi todos llegaron a alcanzar los +10 goles de hándicap.

Entre 1957 y 1981, con Juancarlitos Harriot como capitán, y con varias combinaciones de jugadores, Coronel Suárez ganó el Abierto Argentino 20 veces, un récord inigualable, y también ganaron otros torneos de alto gol en Argentina como el Abierto del Jockey Club, Abierto de Tortugas y Abierto de Hurlingham. Jugando en diferentes combinaciones con varios equipos, liderando los jugadores del Coronel Suárez en otros equipos también, ganaron torneos de alto gol en Inglaterra y EE.UU. Finalmente, los hijos de Horacio Antonio y Alberto Pedro Heguy crearon sus propios equipos, Los Indios Chapaleufú I y II, que compitieron – e igualmente dejaron huella – en el polo de alto gol argentino años más tarde.

Nacido en 1941, Alberto Pedro Heguy tenía 13 años cuando ganó por primera vez su trofeo de polo, un torneo en el instituto. A la edad de 22 años y con una carrera en ciencias veterinarias, ganó su primer Abierto Argentino en 1963, el primero de los 17 que finalmente conseguiría. Como él mismo dijo, “Mi padre y tíos, así como mis primos e hijos, todos se criaron en un ambiente de polo de primera calidad. Todos ellos fueron buenos jinetes y, si no eres un buen jinete, no puedes esperar competir en lo más alto”.

El árbol genealógico de los Heguys

El árbol genealógico de los Heguys. (© POLO+10)

Una dinastía del polo argentino más reciente es la familia Pieres. Cuatro hijos, Alfonso, Pablo, Alvaro y Gonzalo, hijos de Alvaro Cesar (“Bary”), un abogado, jugador de polo amateur y árbitro respetado, con residencia en Lobos cerca de La Espadana Polo Club, fundado en 1938 por dos familias de polo diferentes, Louis y Tomas Garrahan y sus primos, Carlos Buchanan. Cuando “Bary” Pieres se retiró de la práctica jurídica, dejó como herencia a sus hijos sus ocho caballos de polo, todos ellos habían contribuido a su carrera de polo profesional.

El hijo más joven, Gonzalo, nacido en 1956, forjó su carrera de polo con dos de los mejores instructores de polo en Argentina, Eduardo Moore y Hector Barrantes. Más tarde jugó profesionalmente, primero con White Birch en EE.UU. y luego con el magnate de medios australiano Kerry Packer, cuyo equipo Ellerston fue dirigido por Pieres durante varias temporadas de polo de alto gol en Inglaterra. Era tal la relación personal que existía entre Gonzalo Pieres y Kerry Packer que Packer fundó Ellerstina, la cual fue dirigida y finalmente adquirida por Pieres. Actualmente es también una granja de cría de caballos que cría caballos de polo, de forma natural o usando la transferencia de embriones, y esos caballos poseen los precios más altos del mundo. Pieres combina esto con la gestión de un nuevo equipo Ellerstina, integrado por sus hijos Facundo y Gonzalito (ambos con +10), Nicholás (+9) y su primo Pablo (“Polito”, hijo de Pablo “Paul” Pieres), junto a otros compañeros de equipo.

En 2007 Facundo y Gonzalito invitaron a sus primos Mac Donough, Matias y Pablo, también jugadores de alto gol, a unirse a Ellerstina para competir en los tres torneos más prestigiosos del alto gol en Argentina, la famosa “Triple Corona”. Ellerstina ganó el primero y el segundo torneo, pero perdió el tercero y más importante frente a La Dolfina. Al año siguiente Facundo, Gonzalito, Nicholás y su cuñado, Mariano Aguerre, de 40 años de edad y antiguo jugador de +10 de hándicap, jugando con +9, ganaron el Abierto Argentino. Los hermanos Pieres y Mac Donough son primos segundos gracias a sus abuelas, las hermanas Ines y Laura Garrahan, las madres, respectivamente, de Gonzalo Pieres y Jorge Mac Donough, el fundador y dueño de otra granja de cría muy famosa, La Irenita Embriones. Todos los Garrahan argentinos asociados al polo, incluyendo a Ines y Laura, descienden de Patrick Garrahan, que migró de Irlanda a Argentina en 1829 a la edad de 24 años.